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Diez hechos que los medios no te contarán sobre la guerra de Siria

Darius Shahtahmasebi, Antimedia

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Los medios de comunicación corporativos suelen tratar de presentar al régimen de Bachar al Asad de Siria como si fuera el único responsable del actual conflicto en la región. Estos medios no suelen informar sobre los hechos que contradicen esta narrativa —aunque con moderación—, pero en su conjunto estos ignorados detalles arrojan una nueva luz sobre el conflicto.

10. Bachar al Asad tiene un grado de aprobación superior al de Barack Obama

Pese a las afirmaciones de Obama en el sentido de que Asad es un gobernante ilegítimo y de que debe renunciar, no es menos cierto que, desde que comenzó el conflicto en 2011, Asad ha mantenido el apoyo de la mayoría de su pueblo. Las elecciones de 2014 —que Asad ganó de forma aplastante y que los observadores internacionales confirmaron su limpieza— son una prueba de que, a pesar de que Asad ha sido acusado de graves violaciones de los derechos humanos, sigue conservando el apoyo del pueblo sirio.

Obama, por su parte, ganó las elecciones en 2012 con una participación del 53,6 por ciento del pueblo estadounidense; solo votaron 129,1 millones de ciudadanos/as. Esto significa que aproximadamente 189,8 millones de estadounidenses no votaron a Obama. Su grado de aprobación actual se sitúa alrededor del 50 por ciento.

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La unidad de los socialistas

Frédéric Tufferd

1887

Es siempre divertido poder añadir un nuevo nombre a la lista de mutualistas históricos y, sobre todo, cuando el nuevo nombre puede acompañarse con escritos. Frédéric Tufferd (o Teufferd) es uno de esos nombres que he encontrado en la lista de exiliados políticos franceses en Estados Unidos y fue, también, uno de los editores del Bulletin de l’Union républicaine de langue française y Le Socialiste (órganos de los internacionalistas franceses en Estados Unidos), compañero de Claude Pelletier, Jules Leroux, etc. No había tenido la oportunidad de leer ningún escrito suyo hasta hace poco, cuando tropecé accidentalmente con “La unidad de los socialistas” en un volumen de 1887 de La Société Nouvelle. Creo que el ensayo es un ejemplo muy claro y útil de una de las líneas del pensamiento proudhoniano. Un aspecto central del argumento es la distinción entre salarios, remuneración del trabajo y lo que Tufferd llama, en francés, aubaines. Un aubaine es literalmente un “beneficio sobrevenido” y es el término que utilizó Benjamin R. Tucker en sus traducciones de Proudhon. Así, el “derecho a una ganancia” al que se opuso Proudhon es un “derecho a beneficios sobrevenidos”, pero las tres formas de aubaine identificadas por Tufferd (renta del suelo, interés y beneficio) son también reconocibles como tres formas de “usura”, identificada comúnmente en otros escritos mutualistas. He dejado aubaine sin traducir en esta traducción de trabajo, en parte porque creo que necesitamos clarificar con exactitud lo que está en juego y aquello a lo que nos oponemos cuando hablamos de “derecho a una ganancia”, más allá de los lugares comunes sobre lo que creemos y no creemos cuando hablamos de prácticas económicas. También he dejado sin traducir el término francés rente. Tufferd se refiere a la renta económica y propone un “impuesto único”, pero rente se refiere básicamente al mismo tipo de “beneficio sobrevenido”, derivado en esta ocasión de la naturaleza y no de la propiedad.

Cuando leí por primera vez el ensayo, me interesó especialmente la distinción que Tufferd hace entre abolir el gobierno (el “principio de autoridad”) y abolir el estado, que él ve como la “colectividad organizada”. Recurre a Proudhon en este tema y contrapone su posición con la de Bakunin. Ciertamente, este argumento es perfectamente consistente con la teoría general de Proudhon. En cuanto a la discrepancia con Bakunin, es otra cosa a añadir a mi lista de temas para un estudio más minucioso en el marco del proyecto Biblioteca Bakunin.

– Shawn P. Wilbur

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Stirner, el individuo y el anarquismo

Max Stirner es una figura relativamente desconocida en el pensamiento anarquista y de izquierdas. Ha influenciado a muchos que se consideran anarcoindividualistas, como los estadounidenses Lysander Spooner y Benjamin Tucker, y a polemistas modernos como Bob Black. También tiene algunos seguidores entre los anarcocomunistas, sobre todo en Glasgow, donde una tradición stirnerista ha persistido hasta nuestros días. Stirner fue un egoísta que arremetió contra todas las doctrinas y creencias que exigían una subordinación de la voluntad individual a sus dirigentes. Por tanto, podrías preguntarte por qué estoy interesado en esbozar algunas de sus ideas en una revista de una organización comprometida con una concepción anarcocomunista de la sociedad. Tengo dos razones para ello.

En primer lugar, las ideas de Stirner son el perfecto correctivo para las de naturaleza socialista autoritaria. Quienes han profesado estas ideas se dieron cuenta de ello muy rápidamente y condenaron a Stirner casi desde el primer día. Marx y Engels dedicaron todo un libro de 300 páginas a denunciar sus ideas, La ideología alemana, publicado en 1846. La naturaleza semihistérica y personal de las críticas nos dice lo preocupados que estuvieron. Le condenaron como «el cerebro más vacío y superficial entre los filósofos», cuya «toda actividad se limita a probar unos pocos trucos casuísticos y trillados legados por la tradición filosófica». Este empeño nos advierte por sí solo del hecho de que podría estar diciendo algo interesante. El absoluto desprecio de Stirner por parte de aquellos que serían grandes maestros le permitieron predecir, de forma clara y precisa, el desastre que habría de acontecer cuando las ideas socialistas se elevaron al nivel de una religión de estado.
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Dos artículos sobre los derechos de propiedad intelectual

Estos dos artículos forman parte de un debate más amplio que tuvo lugar en la revista digital Cato Unbound de Estados Unidos en noviembre de 2008 entre libertarios norteamericanos de diversas tendencias sobre las relaciones entre las grandes corporaciones, los mercados y las políticas del gobierno. Todos los textos son accesibles en When Corporations Hate Markets. JV

Sobre la financiación y la innovación estatales

Dean Baker

19 noviembre 2008

Me alegro de ver que Roderick [Long] está en gran parte de acuerdo con mis comentarios sobre las patentes y los derechos de autor. Como temo que los comentarios de Tim Lee hayan malinterpretado mis ideas sobre alternativas a las patentes de medicamentos, voy a aprovechar esta oportunidad para aclarar lo que considero que es el mejor sistema.

No apoyo un sistema de premios, por muchas de las razones mencionadas por el autor. Un sistema de premios preservaría lo que considero que son algunos de los peores problemas del sistema de patentes, sobre todo por alentar el secretismo de las investigaciones.

Mi sistema ideal sería uno en el que el gobierno asignara una cantidad de dinero (por ejemplo, 30.000 millones de dólares al año, que es aproximadamente lo que se invierte en investigación y desarrollo privados en el sector farmacéutico) para contratos a largo plazo con un número relativamente pequeño de grandes contratistas. Por ejemplo, podría haber diez grandes contratistas que recibieran 30.000 millones de dólares cada uno durante unos diez años.
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